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Javier Abad Chismol

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DECADENCIA SOCIAL

 

14 de Agosto de 2015

 

Viendo las noticias nos damos cuenta de que nuestra sociedad está viviendo una crisis profunda, una crisis que se basa en la falta del respeto del ser humano así mismo, como si tuviera potestad para pasar por encima de los demás.

 

Hablamos de una sociedad que debe y quiere ser liberal, de que se puede hacer lo que se quiera cuando quiera, y está actitud desafiante con la vida lleva precisamente a la violencia. Una violencia y una agresividad que empieza en la propia familia y con los semejantes. ¿Qué tipo de principios hay que tener para asesinar a la propia familia? Desde la mujer, los hijos, y los más cercanos.

 

Es evidente que nos empeñamos solo en el bienestar, en la comodidad, en lo técnico, en lo funcional, pero se huye de la formación en valores, del crecimiento correcto de los jóvenes y de los niños. Es curioso muchos claman escandalizados por la clase de religión, y el hipotético adoctrinamiento, pero a su vez se favorece el botellón y otras actitudes que degeneran a las personas, no se marcan los límites y de esta manera nos encontramos ante una sociedad débil y manipulable.

 

Es una huida del humanismo, para caminar hacia una deshumanización, en donde las personas no se respetan, y se pasa por encima de los demás. Se habla de violencia de género, y todo es mucho más complejo, porque no es que el hombre se haya vuelto loco contra las mujeres, sino que se han perdido el valor del respeto a la libertad y a los semejantes, sin contar con el respeto a la vida. Cuando no hay respeto a los no nacidos, cuando se potencia el aborto, no puede extrañar que luego se contagie ese atentado contra la vida, en donde el límite desaparece.

 

Muchos critican que haya que volver a las raíces cristianas, pero esto es necesario, para que crezca unos valores que no es ideología solo, sino que es volver a la esencia del hombre como Hijo de Dios, y que llevamos inscrito a fuego, unos principios de actitudes en nuestro corazón que nos llevan a reconocer lo que es bueno y malo, lo que hace crecer a la sociedad y lo que la destruye. El hombre sin Dios se convierte en su aniquilador. Tenemos que esforzarnos en llevar a Dios a nuestro entorno, aunque muchos se empeñen en eliminarlo, es la única forma de que la sociedad en encuentre el respeto y la caridad hacia sus semejantes.

 

Javier Abad Chismol

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