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Javier Abad Chismol

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LA FUERZA DEL LAICISMO, DENTRO Y FUERA DE LA IGLESIA

 

18 de julio de 2016

 

     Presumimos de vivir en libertad, de que gracias al progreso nuestra sociedad va encaminada hacia un principio basado en la libertad y la tolerancia, fruto de una democracia sana que busca lo mejor para el hombre. Lo que tendríamos que preguntarnos es, ¿qué es lo que ocurre cuando una de las ideologías dominantes en la sociedad intenta apoderarse del poder absoluto y eliminar a las demás? Pues es muy sencillo, acudimos a la dictadura y a la eliminación de la democracia basada en unos valores de tolerancia y de diálogo y quedamos presos del pensamiento único.

 

     En ese pensamiento único se intenta eliminar el factor religioso, y la religión se elimina en nombre de la libertad, como si el ser religioso fuera una privación, y es más, un perjuicio para la sociedad, a esto le llamamos laicismo, es decir, que predomine aquellos principios neutrales que quitan todo protagonismo al hecho religioso, porque eso es liberar al hombre.

 

La moral natural del hombre no puede ser manipulada, porque define lo bueno y lo malo, porque ya no permite al poder legislativo cambiar actitudes, es como si se perdiera la supremacía del ser humano, es huir de una legislación errónea.

 

El laicismo declara una lucha contra los valores cristianos tradicionales, como si fuera un enemigo a batir, es el ataque exterior del laicismo, un ataque externo que viene fruto de la masonería y del relativismo moral que lleva al pensamiento único que se debe imponer como liberación, cuando realmente es condenación y renuncia a la condición verdadera del ser humano que no es otra que reconocer a su Creador y sentirse hijos de Dios.

 

Pero también hay un laicismo interno en la Iglesia, que es la secularización de los miembros de las comunidades cristianas, personas que estando dentro han sido contaminados del pensamiento único dominante y pretenden permanecer pero cediendo a los principios cristianos, es querer estar en ambos lados. Este laicismo interno desobedece a la jerarquía, incumple aquello que es en si la Fe, y destruyen la comunidad y se convierten en el gran enemigo de los que dirigen una comunidad, eso si el propio dirigente no ha caído en el laicismo de ese “buen ismo”, de ese querer estar con el mundo y con Dios, pero al optar por el mundo desde dentro dinamitan las comunidades creando división y contradicción.

 

Tendríamos que estar atentos para detectar estas dos fuerzas del laicismo, el de fuera de la Iglesia que intenta desprestigiar, burlar y oprimir los principios cristianos, y el de dentro, que son todos aquellos que aun estando dentro son incluso peores que el externo, porque este si es incoherente y destructivo.

 

JAVIER ABAD CHISMOL

 

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