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Javier Abad Chismol

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POR UNA SOCIEDAD EN CONSTRUCCIÓN, VENCER LA SOBERBIA

 

9 de Enero de 2018 

 

Decía recientemente el Papa Francisco una idea que me pareció acertada, hablaba de los pecados, de cuáles eran los más graves y peligrosos, cuando hoy hablamos de pecado nos da la sensación que eso es algo trasnochado, como si hubiera una especie de veda o bula en la que el hombre, o cada uno de nosotros decidiéramos que es pecado y que no lo es, pero vayamos más allá de lo que es pecado que es algo de los creyentes, hablemos de los actos buenos o los actos malos, de la perversión de las palabras y de su significado.

 

El Santo Padre matizaba que uno de los pecados más graves es la soberbia, porque este pecado no deja crecer ni avanzar, es más, el soberbio se convierte en alguien destructivo, que mira a los demás por el encima del hombro, que en su complejo, se siente superior a los demás y lo quiere manifestar con ciertos gestos.

 

Personas con miradas desafiantes, que piensan que todos estamos en deuda con ellos, aquellos que niegan el saludo, que ignoran, y lo hacen para manifestar en su soberbia y en su orgullo que son superiores a otros, o para reivindicar su estatus o su poder de dominio.

 

Desprecio, ataque, soberbia, prepotencia, son atributos que vienen del pecado y que te hace preso del mal, y es importante que practiquemos la humildad, la sencillez y la corrección, es verdad que no es fácil, es verdad que es un don de Dios, al igual que el perdón, o no tomar en cuenta el mal, o incluso perdonar a los que calumnian y critican. Algunos recreándose en el pecado de la lengua que es mal decir, buscar lo negativo del otro.

 

Nuestra forma de mirar, de estar, nuestra actitud nos define en nuestra calidad como personas, aquí no hace falta ser creyente, se trata de nuestra calidad humana, de nuestra forma de estar y de hacer, en definitiva ser capaces siempre de construir y no de destruir, de sumar y no de restar, pero para ello es necesario vencer la soberbia y lo que nos impide crecer.

 

Que podamos darnos cuenta de que es aquello que realmente nos rompe como sociedad, como colectivo, que nos puede hacer intolerantes sin darnos cuenta, y ser presos de la soberbia es como una venda en los ojos que no nos permite ver y avanzar, todo lo contrario es la humildad y la generosidad.

 

Javier Abad Chismol

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