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Javier Abad Chismol

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CIUDADANÍA RELATIVA

2006

 

 

     Hace muy pocos días se presentaba en Madrid en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, la “primera” propuesta formal de la nueva asignatura llamada “Educación para la Ciudadanía”.

     La sesión la inició la Ministra de Educación Mercedes Cabrera, pero quien intentó explicar la propuesta final fue el Secretario General de Educación y Ciencia, Alejandro Tiana. Estaba llena de demagogia y de buenos propósitos de dudosa intención ideológica y proselitista.

    Me baso en su más de media hora por justificar la necesidad de esta asignatura, explicando cómo en muchos países de Europa ya estaban en marcha propuestas muy parecidas a la nueva materia, por lo tanto el ministerio no innovaba, simplemente se hacia eco de una realidad ya presente en otros lugares.

     Leídos y explicados los contenidos básicos de la misma y a qué edades va dirigida, pasó a explicar los marcos donde podríamos situar esta nueva disciplina, cuyo objetivo es educar buenos ciudadanos.

     En principio, no habría que hacer ninguna crítica a la intención de educar y formar a los jóvenes, en valores para una sana convivencia ciudadana y construida sobre los derechos humanos. Hasta aquí muy bien; pero tendríamos que cuestionarnos si en el sistema educativo ya no existía algo similar, estoy hablando de la ética y de la religión, cuyos objetivos eran educar en valores tanto éticos como cristianos. Al aparecer esta materia, estas dos quedan desplazadas o eliminadas por esta nueva formación, basada en los valores democráticos y constitucionales, pero olvidando que las otras, y en especial la religión, ya se encargaban de informar y formar en valores éticos y morales.

    Por un lado, ese interés de desplazar la asignatura de religión, marginándola y si es posible eliminándola, y por otro, el interés por la nueva disciplina que sustituye y plantea un nuevo adoctrinamiento. El señor Tiana manifestaba su malestar personal y el del ministerio por todos los comentarios que se habían producido en los medios de comunicación, acusando de no decir la verdad y hacer un ataque malicioso a la materia de la “Educación para la Ciudadanía”.

    Lo que sí que dejó muy claro, es que el marco de la nueva asignatura es el constitucional y por este motivo los valores de comportamiento correctos lo marcan las leyes. Pero como vemos esto es una trampa, porque en el momento se apruebe una ley que pueda ser injusta o moralmente incorrecta se va a tomar como algo bueno, es en definitiva potenciar unos valores relativistas que oscilan en función del criterio político del momento.

    Si por ejemplo, la eutanasia, el, aborto, los matrimonios homosexuales, se consideran legales, entonces esto se toma como válido, y eso será lo que se les educará a los niños y a los jóvenes, es decir, todo aquello que es legal y constitucional pasará a ser correcto, al margen de la moral.

    No siempre lo legal es lo correcto,  lo lícito es simplemente una cuestión de mayorías, no se puede mezclar lo que es bueno o malo en función del partido que gobierne en el momento, la moral del comportamiento tiene que ser independiente de los planteamientos políticos, porque si no lo hacemos así, los comportamientos sobre la ciudadanía pasan a ser algo que es completamente relativo.

     Es verdad que el sistema educativo debe procurar una calidad para todos y la búsqueda de unos valores humanos, pero evitando la manipulación ideológica que es lo que parece que se pretenda con esta asignatura. Se insistía en los valores democráticos y constitucionales, algo que se debe educar desde pequeño, pero habrá que analizar cómo, y de qué manera se hace.

     Habrá que plantearse hasta qué punto es necesario una asignatura de este tipo, o si lo que habría que hacer es empezar a crear actitudes de respeto y de convivencia de unos con otros, entre los compañeros y con los profesores, actitudes que comienzan en la familia y en el hogar y que se prolongan en la escuela. Las asignaturas parcelarias pueden no servir para nada o sólo para conseguir unos objetivos ideológicos.

    Es cierto que hay una indiferencia hacia la política y es un sector que se encuentra muy poco valorado, que las actitudes de muchos políticos dejan mucho que desear, y por lo tanto, sería bueno que los jóvenes y los niños tuvieran otro tipo de imagen del mundo político y de la utilidad que se puede hacer a la sociedad desde éste.

    Lo que habrá que ver es si la nueva asignatura para la ciudadanía puede atentar contra la libertad moral y religiosa de muchos; si el marco legal puede determinar los comportamientos, qué lugar podría ocupar la objeción de conciencia cuando hagan estudiar valores amorales y peligrosos, que se venden ahora como progresistas y modernos. Veremos si eliminar la religión, la ética y parte de la filosofía clásica va ayudar a que se disminuyan los problemas sociales que tenemos actualmente en nuestra sociedad, tales como: la inmigración, la violencia de género, el atentado contra la libertad religiosa, el acoso y la violencia en los entornos escolares. Es algo que desde luego está por ver, y de entrada parece una materia conflictiva creando unos ciudadanos que relativizan actitudes cívicas en función de las leyes del momento.

 

 

JAVIER ABAD CHISMOL

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