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Javier Abad Chismol

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PAN Y CIRCO

Artículo de hemeroteca, publicado el 4 de mayo de 2006 en el Diario Las Provincias

 

 

 

 

    Los antiguos romanos sabían muy bien como contentar al pueblo, había que darles diversión y fiesta. Han pasado unos cuantos años y algunos ayuntamientos de nuestra querida España siguen pensando lo mismo y lo más curioso es que se consideran progresistas, liberales, y siguen dando a la gente opio y alcohol para complacer.

     Por un lado, se están creando leyes del el gobierno del PSOE para evitar en lo posible el tabaco y el uso excesivo de alcohol pero, por otro, vemos actitudes concretas que hacen dudar de que esto sea así, y por lo tanto podemos estar viviendo en una falacia.

     El botellón es uno de los peores males que esta viviendo nuestra juventud, entrando en la espiral del beber por beber, de no encontrar más diversión que emborracharse y hacerlo, además, todos los fines de semana por sistema.

     Creo que tendríamos que empezar a ser coherentes, aclararnos si queremos o no queremos que nuestros jóvenes e incluso adolescentes empiecen a beber cada vez a una edad más temprana. Un pueblo de la Comunitat Valenciana, y con alcaldía del PSOE, promociona en su fiesta popular, que no religiosa, así llamada no sé por qué “San Marcos”, el vino en bota para todos los asistentes y todo ello realizado desde el Ayuntamiento, en donde esos días está bien visto que todos se emborrachen hasta el amanecer. Y la veda se abre también para menores de edad.

     Habría que preguntar a su alcalde si esa es la juventud y la fiesta que quiere, porque quiero creer que muchos de sus paisanos quieren otra cosa para sus hijos.

    Las fiestas son buenas, unen a la gente, se comparte, el vino con medida alegra los corazones, un día de campo, una romería en honor de san Marcos, aquel que es testigo de los dichos y hechos de Jesús nos invita a vivir en fraternidad, en caridad, con su ejemplo, el de los santos, alrededor del altar en su ermita, una mesa en la que cabemos todos, pero limpia de todo aquello que aleja a los hombres de una sana relación, en donde los jóvenes y los niños aprenden a convivir en armonía y no en el mundo de los excesos autorizados por sus mayores y gobernantes, que están dispuestos a dar alcohol a mares y fiesta con tal de tener al pueblo contento. Eso es no querer al pueblo, eso es querer permanecer en el sillón dando lo que aparentemente es fácil: pan y circo.

 

JAVIER ABAD CHISMOL             (Las Provincias 4 de Mayo de 2006)

 

 

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