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Javier Abad Chismol

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SINARCAS CREYENTE

LA VERDAD

 

Para mí es un verdadero reto contar en tan pocas líneas lo que ocurrió en la población valenciana de Sinarcas hace unos años, lo hago con el claro convencimiento de que es bueno que se sepa la verdad de lo que ocurrió en el año 2006. Escucho muchas veces la pregunta; ¿Qué es lo que ocurrió? Pues bien quiero contrarrestar la información que se encuentra en  internet o en otros medios con respeto al tema de Sinarcas. Este escrito se realiza en exclusiva para los seguidores de LA VOZ CREYENTE.

 

Desde luego no lo hago desde el rencor o el despecho, lo hago para esclarecer la verdad,  lo narraré sin entrar en detalles, pues casi se puede decir que esta historia es digna de un libro por si mismo.

 

Uno de los grandes retos que tiene el cristianismo en nuestro tiempo es la  transmisión de la fe, de como se debe inculturar el evangelio, insertarlo en nuestras viejas estructuras. Se nos han quedado sólo las estructuras y estas se han quedado vacías de contenido, nos han quedado las tradiciones, las celebraciones y rituales que marcan las etapas de las personas. Empezando en el nacimiento con el bautismo, la niñez en la primera comunión, en la adolescencia la confirmación, ya  adultos el matrimonio, en la vejez y la enfermedad  la unción de los enfermos, y la despedida de los seres queridos en la eucaristía de las exequias.

 

Ahora vemos que lo que es importante es la apariencia, la fiesta, lo social y mantener unas tradiciones en donde Dios queda a un lado, este carece de importancia, en numerosas  celebraciones  las puertas de las iglesias están llenas de familiares que están pensando en la traca, en los caramelos, en el convite y en los vestidos que llevan los invitados, la celebración litúrgica es un puro formalismo aparente completamente hueco y carente de interés. Esto provoca una gran desmoralización por parte de los cristianos practicante, de los religiosos y del clero.

 

El templo católico ha quedado tan sólo como un bonito escenario para un reportaje fotográfico, y el pobre sacerdote en un maestro de ceremonias revestido de ornamentos litúrgicos, todo es importante menos lo fundamental, ya no importa la bendición de la Iglesia para los matrimonios, ni tampoco importa que el bautismo sea la puerta para los demás sacramentos, en donde un porcentaje altísimo que ronda el 30 % no están casados, simplemente conviven juntos, es la sociedad del no compromiso y del cumplimiento, cumplir socialmente para acabar mintiendo, y convirtiendo la casa de Dios en cueva de ladrones, en un mercantilismo social vacío, en definitiva vemos la plenitud del arte dramático de las palabras que no significan nada más que una emoción facil y emotiva sin más.

 

Podemos decir que las palabras que se pronuncian en muchas celebraciones son una falacia, un cumplimiento que no es verdad que es cumplir con la mentira que nos lleva la sociedad postmoderna, un relativismo en que no importa que no digamos la verdad, porque eso no carece de ninguna importancia, en donde lo fundamental son las apariencias y hacer un uso de la libertad mal entendido que se basa en coger de aquí y de allí, de ir picoteando de una tradición y otra según se adapte a mis caprichos del momento en donde es uno mismo el que decide lo que está bien o mal, dejando por lo tanto a Dios al margen de la vida, una sociedad sin Dios, pero que tampoco quiere renunciar a su uso y abuso al antojo de uno, es en definitiva, incumplir uno de los mandamientos de la ley de Dios, como es; “No tomarás el nombre de Dios en vano”.

 

El respeto a lo sagrado, a las creencias religiosas de las personas está extendido por muchos lugares, es un rechazo a su institucionalidad y a la Iglesia católica en cuanto dogmática, no se le rechaza como servicio público a la sociedad, convirtiéndolo en un derecho del ciudadano por serlo como tal, pero no en la condición de cristiano. Esto es lo que provoca una situación un tanto adversa e incómoda porque se exigen los sacramentos como algo social pero no como algo religioso.

 

España y Europa deben caminar hacia una nueva evangelización confiando que es la fuerza del espíritu es la que debe sostener el proyecto de Cristo confiado a los discípulos; “Ir al mundo entero y proclamar el Evangelio y bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

 

Mi primer destino como sacerdote fue en un pequeño pueblo del interior de la provincia de Valencia, cercano a la población de Utiel, llamado Sinarcas, una experiencia que me sirvió para robustecer la llamada de Dios al servicio del Evangelio, a descubrir y profundizar en el amor tan profundo que hay que tener a la Iglesia de Jesucristo, y como nosotros las personas, a pesar de nuestras limitaciones, no caminamos solos, como el Espíritu del Señor nos acompaña en todo momento para así poder llenar de sentido las adversidades y las dificultades de la vida.

 

El Señor nunca abandona, siempre está a nuestro lado, nunca nos deja de la mano, a pesar de las dudas, las crisis, nos invita a que nunca tengamos miedo, a que seamos valientes defensores del Evangelio. Seguramente para todo sacerdote recién ordenado el primer destino que uno recibe como párroco debe marcar, y desde luego en mí lo hizo profundamente.

 

Llevaba aproximadamente unos diez meses en el citado pueblo, ya se podía decir que estaba adaptado al lugar, una pequeña población de mil habitantes que se dedicaba a la agricultura, a la vid concretamente, y a las granjas de gallinas. Un municipio sencillo, bastante pobre, con unos arraigos culturales y tradicionales basadas en la religión católica. Nos encontrábamos con el fenómeno antes descrito, un nivel de secularización muy alto pero con unos ritos muy arraigados, eran realmente pobres, sólo le quedaban sus santos, romerías y procesiones.

 

La gente sólo acudía al Templo, a la Iglesia de Santiago Apóstol en los momentos puntuales de la vida, especialmente en los entierros en donde acudía todo el pueblo. La muerte era uno de los acontecimientos que mayor expectación provocaban en el pueblo, era como una llamada de convocatoria a reunirse y acompañar en el duelo a la familia del difunto. Muchos no entraban en la Iglesia, pero acudían de todos modos y esperaban conversando y charlando sentados en la vieja fuente de la plaza de la Iglesia, allí se fumaban un cigarrillo y hablaban del fallecido, de la familia, o del fútbol.

 

Las fiestas patronales giraban en torno a sus dos patrones, a Santa Ursula y a Santiago Apóstol, los dos fueron mártires por la fe, y murieron por defender el Evangelio hasta las últimas consecuencias. También hacía diferentes honores a otros santos, tales como; santa Cecilia, san Marcos, san Antonio Abad, san Isidro, santa Catalina de Siena, san Roque. Desde luego en cuanto fe externa el santoral estaba bien completo.

 

Toda la vida, las celebraciones, las fiestas, giraban en torno a lo religioso, luego nos encontrábamos con la contradicción ya hablada con anterioridad, de que las personas no eran muy religiosas, eran reacias a lo religioso, se habían quedado con aquello que le daba vida a su calendario de festejos, la secularización había hecho mella en las gentes de aquel pequeño pueblo. A todo ello había que unir a un alcalde que llevaba más de veinte años gobernado, un hombre resentido con la fe, con la Iglesia. Un hombre  que regentaba un pub y con ningún tipo de inquietud de fe más que poder agradar a sus ciudadanos. Junto a él todo un equipo de personas que estaban a su alrededor y que habían hecho del ayuntamiento su forma de vida.

 

Todo este breve resumen lo haga para poder situar al lector en la trama de la historia. Se podría decir que todo comenzó en las fiestas patronales, en el mes de agosto del 2005, todo transcurría con normalidad, los tres días grandes de la fiesta ya habían acabado, las que centraban en los dos patrones y en los difuntos del pueblo, era el momento de las actividades más lúdicas y desenfadas. Era el sábado por la tarde, era la hora de la misa, sobre las ocho de la tarde, de hecho, de normal se celebraba un poco antes, pero para que no coincidiera con el desfile de carrozas, organizado por el Ayuntamiento, que haría mucho ruido, se atraso la celebración. Yo me encontraba muy cerca de la puerta de la Iglesia junto con algunos feligreses. Empezaron a desfilar las primeras carrozas, con los jóvenes del pueblo, con los festeros, otra con niños, todo en un tono desenfadado, y la banda de música tocando en el fondo.

 

Pero de repente apareció una última carroza, una muy poco preparada, como si se hubiera improvisado en el último momento, yo de lejos empezaba a no dar crédito a lo que estaba viendo a lo lejos, unos carteles en contra de los curas, de la Iglesia, poco a poco se iba aproximando a la puerta de la Iglesia, donde me encontraba yo con algunos feligreses. Encima de la citada carroza se encontraba un señor disfrazado con una especie de túnica blanca, imitando a un alba, levantaba una copa como si fuera un cáliz, también iba repartiendo bendiciones. La parodia en si representaba una boda de homosexuales, haciendo alusión a la reciente aprobación por parte del gobierno de España para el matrimonio entre personas del mismo sexo. De ahí las alusiones y la burla a la Iglesia y a los curas, por su intolerancia hacia este nueva ley.

 

Me acerqué a la carroza y les pedí que dejaran de burlarse de la eucaristía, que dejaran la copa, y que frenaran en su ataque frontal hacia la fe, algo que desde luego se negaron, uno de ellos bajó de la carroza y me levantó la mano con intención de agredir, iban bastante bebidos, como es lógico tuve que ceder en mi intención de frenar aquella ofenda tan grotesca. La gente que vio tan lamentable espectáculo se quedó paralizada.

 

Una vez pasado tan triste hecho, un grupo de feligreses decidimos presentar un escrito ante el ayuntamiento, para manifestar nuestro disgusto por lo que había acontecido la tarde anterior. Así lo hicimos, lo redactamos y se lo entregamos personalmente al señor alcalde, con intención de que se disculparan, pues ellos eran los que habían organizado dicho desfile y por lo tanto lo habían autorizado. El texto era el siguiente:

 

 

Parroquia Santiago Apóstol

Sinarcas a 29 de Agosto de 2005

 

A la atención de don Fidel Clemente, alcalde de Sinarcas y a toda la Corporación Municipal:

Nos dirigimos a ustedes como acto de denuncia y queja formal por los hechos ocurridos el pasado día 27 de Agosto de 2005 a las 19:45 horas. En el desfile de carrozas una de ellas realizó una parodia y burla contra la Iglesia Católica, uno de los miembros ridiculizaba la Eucaristía levantando una especie de copa y dando bendiciones, simulaba una boda gay, y además carteles en contra de los curas y de la Iglesia.

Como ustedes comprenderán todos los católicos de Sinarcas nos sentimos ofendidos y disgustados y destacamos dos circunstancias que no podemos pasar por alto; la primera, un atentado contra la libertad religiosa y el respeto, la segunda una negligencia por parte de las autoridades pertinentes por consentirlo.

El que firma esta carta, y como representante de esta parroquia, la junta parroquial, los fieles y todos los cristianos exigimos responsablidades y disculpas públicas por parte de esta corporación. No se puede consentir que después de coordinar unas fiestas patronales con dicho ayuntamiento luego se pase por alto actitudes de este tipo, esto nos llevará a tomar medidas para fiestas venideras.

 

Javier Abad Chismol (cura párroco)

 

 

Con esta carta quedaba de manifiesto  la disconformidad por la mala utilización de las fiestas. Seguramente muchos pueden pensar, y sus razones tendrán, que es mejor callarse ante estas actitudes, que ser cristiano significa de alguna manera no tener problemas, que incluso quejarse de las blasfemias ante los sacramentos o ante lo sagrado es provocar, y que es mejor encerrarse en los templos y en las sacristías y ser buenos.

 

Recientemente veía una serie de televisión que está orientada en la posguerra de la guerra civil española, y uno de los personajes es un cura joven, idealista, con ganas de hacer proyectos, de ayudar, y todo eso está muy bien, pero entra en una profunda crisis institucional cuando se da cuenta que muchas cosas de la Iglesia jerárquica no le gusta, y se revela, perdiendo el norte de su ser sacerdote, cayendo en la tentación de secularizar su llamada, su vocación, porque el lo que quiere es ayudar a la gente, hacer el bien, pero se olvida la premisa fundamental de su ser sacerdote, de su oblación, de ser cura de almas, invierte los factores y le hace entrar en una profunda crisis. Pone en primer lugar al prójimo y después a Dios, sin darse cuenta que si cambia el orden. El por sí mismo no tendrá fuerzas para poder ayudar a los demás, le faltara la fuerza necesaria que solo da el Espíritu Santo, del amor de Dios que debe brotar el amor purificado a nuestros hermanos, por voluntad amada de Dios para todos los hombres.

 

Muchas veces podemos caer en no querer tener problemas, en que nada nos complique la vida, e incluso dudamos si servirá de algo anunciar la verdad y denunciar la mentira y la calumnia.

 

Nos vemos privados de la libertad de la expresión de nuestra fe por temor y miedo a lo que dirán los demás y entonces en cuando vendemos nuestra fe a los demás, y es entonces cuando nos dejamos utilizar, somos los principales culpables de la devaluación de lo religioso, de aquello que es verdaderamente sagrado e importante para nuestra fe y para el anuncio del Evangelio, nuestro Señor no hizo rebajas, anuncio donde se encontraba el camino, la verdad y la vida, y nosotros no podemos ser más que el maestro, no vaya a resultar que queramos superarle, queramos ser mejores, a Él lo persiguieron hasta la muerte, pero a nosotros que nos aplaudan por ser buenos diplomáticos sociales, y lo que pasaba es que Cristo era un imprudente que no sabía callar, o que a lo mejor callaba demasiado, el discípulo nunca puede ser más que el maestro, responder a la llamada es aceptar el peso de la cruz y todo lo que eso lleva.

 

Una vez ocurrido los acontecimientos que he narrado la parroquia de Santiago Apóstol publicó un artículo en el boletín de la Iglesia, que manifestaba el sentir de lo que había ocurrido, y como de alguna manera no había que callarse ante la ofensa y la burla por parte de las autoridades civiles y habitantes del pueblo del que yo era párroco. Creo que vale la pena ponerlo íntegramente.

 

 

 

 

SINARCAS CREYENTE                            Octubre de 2005

 

“TALANTE DEMOCRÁTICO”

Sinarcas como todos los años ha celebrado sus fiestas patronales, y un servidor esperaba con expectación estos actos. Recuperando mi “talante” cronista y periodístico paso a narrar con gran devoción estos festejos tan emotivos y religiosos.

 

Nuestro querido ayuntamiento organizó todo, puso las horas y las fechas concretas de los actos religiosos.

 

El consejo parroquial se reúne con el ayuntamiento, más concretamente con el concejal de “festejos”, y nos trae la hoja con todos los datos. Tras examinar esto, en la parroquia vemos algo que no nos queda muy claro y es que querían poner la bajada de San Roque el viernes, nosotros considerábamos que lo lógico sería el domingo que era el último día de fiestas; después de tres reuniones con dicho concejal no pudo ser, y dijo claramente que si lo hacíamos el domingo que nos atuviéramos a las consecuencias, nosotros ante esta advertencia cedimos y San Roque fue el viernes.

 

Partiendo de la parte más positiva de las fiestas hay que destacar la gran cantidad de gente que acudió a las celebraciones religiosas, también mencionar la actitud de respeto y silencio por parte de todos los asistentes. Este año la ofrenda de flores nos desbordó, algo que es digno de agradecimiento como acto de alabanza a Santa Ursula y como ofrenda por su martirio y muerte por Cristo.

 

Mi sorpresa mayor y el detonante fundamental de este artículo es lo ocurrido el sábado día 27 en el desfile de carrozas; una de ellas realizó una parodia y burla contra la Iglesia Católica, uno de sus miembros ridiculizaba la Eucaristía levantando una especie de copa, simulando bendiciones y una boda gay, y además carteles en contra de los curas y de la Iglesia.

 

Como es de entender todos los católicos nos sentimos ofendidos e insultados y hay que destacar dos puntos muy claros; primero es un atentado contra la libertad religiosa y el respeto, y segundo una negligencia por parte de la corporación municipal por consentir esta burla tan grotesca.

 

Un grupo de cristianos de Sinarcas y un servidor fuimos a entregarle un escrito al alcalde con estas quejas. Él alegaba que tenemos que ser democráticos y empezar a “tolerar” porque estamos en “democracia”. Pero parece que su concepto de democracia es distinto al nuestro; democracia es libertad de culto, democracia es respeto hacia el otro, democracia no es insulto. No podemos resguardarnos en lo democrático para insultar. Por las mismas calles que se veneran las reliquias de Santa Ursula, que no olvidemos que fue mártir y por lo tanto dio la vida por amor a Cristo. Nosotros al día siguiente nos mofamos de aquello por lo que dio la vida Santiago y Santa Úrsula.

 

Habrá que empezar a revisar conceptos, y aprender lo que es tolerancia, respeto, democracia, igualdad, no prostituir los conceptos para decir lo que quiero sin respeto y con un “talante” insultante.

 

Desde la parroquia hemos pedido disculpas por parte de la corporación y de los miembros de la carroza, algo que a día de hoy no hemos recibido, pero, perdonados están, el cristiano es abierto, tolerante y dialogante, nosotros rezamos; “Padre perdónales porque no saben lo que hacen”.

 

Pero resulta que los ofendidos son ellos, porque según su parecer, un servidor no tenía que haberse enfadado, “tenía que tolerar eso e irme a rezar”, como me dijo el concejal de fiesta; es evidente que él no sabe que eso es lo que estaba haciendo porque rezar es estar en comunión con Dios.

 

Parece ser que ahora soy yo el que tiene que pedirles perdón por molestarme y que ellos no entienden dónde está la ofensa e incluso presumen de ser creyentes y de rezar todos los días. Es de todos conocidos que la mejor defensa es darle la vuelta a la tortilla y así, asunto arreglado. Pues que quede claro, que el estar de acuerdo con lo que pasó y no hacer nada es ir en contra de la Iglesia Católica y de algo tan elemental que es de niños de comunión. Uno de los diez mandamientos más importantes de la ley de Dios es; “No tomarás en nombre de Dios en vano”. Dicho concejal además me llamó “mentiroso” dándome clases de religión y de moral porque yo había dicho que todos los católicos de Sinarcas estaban ofendidos, y si atiende lo que dice la Iglesia, los católicos son los que cumplen y respetan los mandamientos de la Santa Madre Iglesia.

 

JAVIER ABAD CHISMOL                              Cura párroco de Sinarcas.

 

 

 

Después de publicar este artículo en la revista, las relaciones no fueron precisamente a mejor. Se creo una especie de silencio y el contacto con el ayuntamiento se redujo a lo mínimo. En ningún momento se pidió disculpas por lo ocurrido.

 

Pasado unos meses, tuvimos la primera reunión con el alcalde, el concejal de fiestas y la teniente alcalde. De la parroquia fui yo junto con dos personas del consejo parroquial. El clima de la conversación fue tenso pero reconciliador, es verdad que no se acercaron posturas de lo ocurrido en las fiestas, simplemente intentamos por parte de ambos que las fiestas venideras fueran más calmadas, y en cierto modo acercar posturas.

 

Realmente las personas relacionadas con el Ayuntamiento, concretamente las del gobierno municipal no solían frecuentar la Iglesia. Como decía con anterioridad lo peor que puede pasar en las fiestas en vaciar estas de su contenido auténtico y religioso, quedarnos tan sólo con el nombre de los santos y con las tradiciones externas.

 

En esta población había una celebración que giraba en torno a san Marcos, era una romería desde la Iglesia a la ermita del santo, una vez allí se celebraba una eucaristía, después la gente se reunía y se dedicaba a beber y ha estar de fiesta, una fiesta que había empezado ya el día anterior viernes. Aunque no era su día se celebraba el sábado para que pudiera venir más gente a la celebración.

 

En el consejo parroquial tomamos una firme decisión para intentar frenar las malas costumbres que habían degenerado el origen de la fiesta. El año anterior la procesión se hizo según se había realizado en años anteriores, es decir, el sábado más cercano a la fiesta. En esta celebración los jóvenes se emborrachan con un licor que ellos fabrican llamado “zurra”, se ponen en medio de la carretera y hacen parar a los coches y hacen beber a los conductores que atraviesan la población. Esta costumbre se extiende también a todas sus calles y a las verbenas que se organizan con motivo de la fiesta, también se abre la veda a los menores de edad.

 

Debido a que se último año sólo acudieron unas diez personas a la procesión desde la Iglesia a su ermita, y que la gente no estaba en condiciones de participar en dicho acto religioso, debido al estado de embriaguez de muchas personas, de hecho cuando el santo llego al sitio podíamos ver gente tirada por el suelo en una situación lamentable.

 

Se había que tomar una decisión que llevara el freno de una situación que dejaba mucho que desear, sabíamos que esto podría traernos problemas con el ayuntamiento y con muchas personas del pueblo que apoyan ese tipo de fiestas. Lo que pretendíamos no era eliminar en si esta costumbre, lo que se pretendía era separar lo profano de lo religioso para que fuéramos respetuosos con las verdaderas creencias católicas y no con su deformación y que en nombre de un santo se aproveche para este tipo de celebraciones.

 

Nos reunimos con el ayuntamiento y le comunicamos cual había ido la decisión que habíamos tomado, esto como es de suponer no hizo mucha gracia, porque eran ellos los que habían sido los que habían controlado la fiesta. Se les dijo que si que habría misa y procesión pero en vez de ser el sábado más cercano lo haríamos en su propio día y por la tarde. Hubo un cierto tono de amenaza por parte de miembros del Ayuntamiento pero no pudieron impedirlo que se hiciera. La fiesta fue un éxito, vino mucha más gente que otros años y además el ambiente fue muy agradable. El objetivo planteado se había conseguido, pero nos quedaba un pequeño problema, el ayuntamiento no estaba dispuesto a conformarse con eso, eliminar la misa el día por ellos planteado significaba crear una medida nada popular, y sin ningún tipo de problemas echaron la culpa al cura y a la Iglesia de esa supresión.

 

Además no estaban dispuestos a abrir ellos la ermita ese sábado querían que estuviera cerrada para que se notara más por que se había quitado, ante esta previsión dejamos la ermita abierta esa mañana. Hubo gente muy indignada, precisamente los que nunca acuden a la Iglesia y ni siquiera ese día entraban dentro.

 

El ambiente del día llamado de san Marcos estuvo en la línea de otros años, es decir, un ambiente completamente secularizado, pero esta vez sin eucaristía y procesión a la que faltar al respeto. Hubieron varios comas etílicos, peleas, y tuvo que venir hasta una ambulancia para atender a las personas implicadas. También un grupo de personas que se encontraban en estado de embriaguez entraron dentro de la ermita y bailaron burlonamente delante del altar.

 

Yo tenía la costumbre de escribir en un periódico local de la comunidad valenciana, y debido a dichos acontecimientos decidí hacer una breve reflexión sobre el tema, pasa a continuación a añadirlo al texto porque creo que vale la pena y además trajo mucha cola, como más adelante veremos.

 

 

PAN Y CIRCO

Los antiguos romanos sabían muy bien como contentar al pueblo, había que darles diversión y fiesta. Han pasado unos cuantos años y algunos ayuntamientos de nuestra querida España siguen pensando lo mismo y lo más curioso es que se consideran progresistas, liberales, y siguen dando a la gente opio y alcohol para complacer.

 

Por un lado, se están creando leyes del el gobierno del PSOE para evitar en lo posible el tabaco y el uso excesivo de alcohol pero, por otro, vemos actitudes concretas que hacen dudar de que esto sea así, y por lo tanto podemos estar viviendo en una falacia.

 

El botellón es uno de los peores males que esta viviendo nuestra juventud, entrando en la espiral del beber por beber, de no encontrar más diversión que emborracharse y hacerlo, además, todos los fines de semana por sistema.

 

Creo que tendríamos que empezar a ser coherentes, aclararnos si queremos o no queremos que nuestros jóvenes e incluso adolescentes empiecen a beber cada vez a una edad más temprana. Un pueblo de la Comunitat Valenciana, y con alcaldía del PSOE, promociona en su fiesta popular, que no religiosa, así llamada no sé por qué “San Marcos”, el vino en bota para todos los asistentes y todo ello realizado desde el Ayuntamiento, en donde esos días está bien visto que todos se emborrachen hasta el amanecer. Y la veda se abre también para menores de edad.

 

Habría que preguntar a su alcalde si esa es la juventud y la fiesta que quiere, porque quiero creer que muchos de sus paisanos quieren otra cosa para sus hijos.

 

Las fiestas son buenas, unen a la gente, se comparte, el vino con medida alegra los corazones, un día de campo, una romería en honor de san Marcos, aquel que es testigo de los dichos y hechos de Jesús nos invita a vivir en fraternidad, en caridad, con su ejemplo, el de los santos, alrededor del altar en su ermita, una mesa en la que cabemos todos, pero limpia de todo aquello que aleja a los hombres de una sana relación, en donde los jóvenes y los niños aprenden a convivir en armonía y no en el mundo de los excesos autorizados por sus mayores y gobernantes, que están dispuestos a dar alcohol a mares y fiesta con tal de tener al pueblo contento. Eso es no querer al pueblo, eso es querer permanecer en el sillón dando lo que aparentemente es fácil: pan y circo.

 

 

JAVIER ABAD CHISMOL             (Las Provincias 4 de Mayo de 2006)

 

Las reacciones sobre este escrito no se hicieron esperar, y me llegó por medio de feligreses de otro de los pueblos que llevaba que en Sinarcas había un gran revuelo y que estaban distribuyendo fotocopias del escrito por todo el pueblo para así denunciar que yo estaba atacando al pueblo y a sus costumbres. En el artículo en cuestión no figuraba el nombre del pueblo, pero se dieron por aludidos ante la evidencia de las afirmaciones del escrito.

 

Se volvió a reavivar de nuevo los enfrentamientos anteriores de las carrozas, y fue un motivo más de crispación. Fueron los propios concejales y el alcalde los que decidieron pasas a la acción, su consigna era: “Hay que echar al cura del pueblo, que se vaya, ya está bien”. A partir de ese momento se acabó la diplomacia y el ataque suave, ahora empezaba la verdadera lucha.

 

Era jueves por la noche y terminábamos el consejo parroquial, estábamos en la fuente que estaba entre la casa abadía y la Iglesia, vimos unos carteles que convocaban a un botellón para el viernes como acto de protesta contra el cura y por sus declaraciones en la prensa, el rótulo decía de la siguiente manera:

 

 

“Por Sinarcas, por su dignidad, pan y circo para todos, mañana viernes a las 22:00 en la plaza”.

 

“BOTELLON”

 

La verdad es que sentí un gran escalofrío por todo el cuerpo, empezaba a percibir lo que se podía venir encima. La noche del viernes evidentemente decidí no estar para evitar el enfrentamiento. Cuando llegue el sábado por la mañana para la catequesis de primera comunión pude ver toda la plaza llena de vasos y botellas, y unas empleadas del ayuntamiento que lo estaban limpiando. Parece que todo surgió sin problemas según me informa la guardia civil, pero el objetivo del grupo que era provocar un enfrentamiento personal conmigo había quedado frustrado, y por lo tanto iban a preparar algo mucho más perverso y humillante para así acorralarme y dejar bien claro quien manda, y como un forastero no debe meterse en temas que no son de su incumbencia.

 

Me llega un mensaje en el móvil que se me avisa: “convocada una manifestación-cacerolada contra el cura el domingo a la salida de misa”. Yo avise a la autoridad para que estuviera informado de lo que iba a ocurrir esa mañana.

 

Yo había dejado mi coche a las afueras del pueblo en casa de un matrimonio del consejo parroquial, me dirige con ellos a la Iglesia, los feligreses estaban avisados para que acudieran, cuando llegamos había más gente de lo normal por la plaza, también había gente del ayuntamiento por los alrededores y una patrulla de la guardia civil.

 

La Eucaristía dominical y el bautismo trascurrió con normalidad, yo la verdad es que estaba muy nervioso,  al final de la celebración empecé a oír ruidos metálicos y barullo de gente, las peores previsiones parecían que se iban a cumplir.

 

Cuando salí me encontré un grupo de unas cincuenta personas con cacerolas y palos en las manos, gente de toda las edades, incluidos niños, que empezaban a gritar contra mí, diciendo; “fuera, que se vaya, mentiroso”. Yo no sabía que hacer, no podía entrar en mi casa, los feligreses salieron corriendo por las calles por el temor, me encontré solo, nadie se quedó conmigo, tuve que bajar por la calle principal, y todos empezaron a perseguirme  y a increparme, cada vez hacían más ruido a la vez que se alteraban, algunos levantaban las manos con palos en señal de amenaza, cuando no sabía donde meterme, apareció una catequista, miembro del consejo parroquial con su coche, y se metió entre la gente, empezaron también a insultarle a ella, abrió una de las puertas del coche  pude subir y desaparecer de aquella situación dantesca.

 

Incluso ahora cuando lo cuento por escrito se me altera el pulso, ha sido la situación más dura que he vivido en mi sacerdocio. Pero como es evidente esto no había acabado. Todo empezó a coger trascendencia, y el periódico con el que yo colaboraba sacó en portada la noticia de lo que había ocurrido. Todos los medios nacionales se hicieron eco de lo ocurrido, incluida la televisión, la situación cogió tal envergadura que la agencia de información del arzobispado de Valencia hizo un comunicado para todos los medios de comunicación, en ella se contaba brevemente lo ocurrido y cuales eran las medidas que se iban a tomar, el comunicado era el siguiente:

 

 

ESPAÑA – EL ARZOBISPO DE VALENCIA SUSPENDE LAS MISAS EN LA LOCALIDAD DE SINARCAS

 

 

Valencia, 9 de Mayo de 2006 (AVAN).

El arzobispo de Valencia, monseñor Agustín García-Gasco, ha decretado la suspensión de la celebración de misas en la parroquia de la localidad valenciana de Sinarcas  hasta que el Ayuntamiento de la población pida disculpas públicamente por “las graves ofensas a la Iglesia y a la Eucaristía que permitió el pasado verano y las coacciones que viene sufriendo desde entonces el párroco que las denunció”, según han indicado hoy a la agencia AVAN fuentes del Arzobispado.

 

Durante las fiestas del pasado verano, el Ayuntamiento de Sinarcas permitió que en las fiestas patronales saliera una carroza en la que varios jóvenes parodiaban a la Iglesia y se burlaban del sacramento de la Eucaristía. El párroco, Javier Abad Chismol, llamó la atención a los jóvenes y al consistorio  por permitir la exhibición de la ofensa. Igualmente Abad pidió en una homilía al Ayuntamiento que se disculpara y, con “varias decenas de feligreses” presentó la solicitud por escrito, ante lo cuál comenzó a ser objeto de una serie de “amenazas y presiones” que culminaron el pasado domingo con “un intento de agresión a la salida de misa”. El sacerdote que había lamentado en la homilía y en un artículo en prensa la practica del botellón y la distribución del alcohol a los jóvenes en las fiestas, “fue abucheado por varios de ellos que intentaron golpearle a la salida de misa”, por lo que tuvo que ser sacado de la población el automóvil por feligreses.

 

El párroco denunció los hechos ante la guardia civil, según las mismas fuentes. Finalmente tras una reunión con el vicario episcopal con el alcalde socialista de Sinarcas, “ante la gravedad de los sucesos”, el arzobispo de Valencia ha decidido suspender la celebración de misas en la localidad “hasta que su Ayuntamiento pida disculpa públicamente por lo sucedido”, según las mismas fuentes. El arzobispo ha expresado su “pleno apoyo” al párroco “ante las coacciones de que está siendo objeto”, y ha mostrado su confianza en que “vuelva a reinar la paz social y la convivencia en Sinarcas”.

 

El arzobispo de Valencia mostró todo su apoyo por los acontecimientos ocurridos. Cuando uno escribe y repasa los textos se pregunta si esto se hubiera podido evitar, o si no había que evitarlo. ¿Cual debe ser la actitud del cristiano ante la adversidad y la persecución? ¿Tenemos que evitar la persecución y la calumnia? Seguramente que si el día de las carrozas yo me hubiera hecho el ciego, hubiera girado la cara, y hubiera pensado que no pasa nada, yo hubiera caído también en la trampa del relativismo, por consentir la burla, la blasfemia y el insulto. Hay un dicho de la zona que me recordaba algún cura de la zona, de que se saca más lamiendo que mordiendo, y mi pregunta es, ¿cómo se hace? Si no les hubiera dicho nada seguramente ni hubieran caído en la cuenta de su error.

 

La realidad de la Iglesia en muchos pueblos es la secularización más absoluta, sólo se han dejado las costumbres externas que marcan las fiestas populares, quieren el escenario, los ritos, pero no se quiere oír hablar de Dios, no quieren que el cura sea un evangelizador de la Palabra de Dios, quieren que sea un maestro de ceremonias. Lo consideran un derecho más, por este motivo el alcalde pidió por escrito al Arzobispado que querían un cura que les diera consuelo espiritual, porque parece ser que yo les removía demasiado sus conciencias.

 

Las noticias fueron a todos los medios, y el pueblo empezó a coger cierta mala fama de anticlerical y rebelde, ellos consideraban que eso no era verdad, que era una manipulación mediática del cura que conocía los medios de comunicación. El pueblo para ellos era muy religioso y eran víctimas de un cura periodista y mentiroso.

 

No se daban cuenta que el mal se lo hacían ellos mismos, porque su actitud no cambió, y siguieron convocando manifestaciones en la puerta de la Iglesia, recogidas de firmas, amenazas, coacciones e inclusos pintadas por todo el pueblo. Un titular de prensa decía: “El pueblo de Sinarcas en guerra contra su párroco”. Y bien cierto que era, porque era lo que habían declarado contra mí persona, no querían oír la verdad,  y cuando algo molesta lo que se hace es eliminarlo para que deje de causar problemas.

 

Yo ante este aluvión de acontecimientos quise dejar muy claro cual era mi actitud al respecto, para que nadie se sintiera ofendido, pues la gente tenía totalmente deformada la información, publiqué en los dos periódicos más importantes de la Comunidad Valenciana, de las dos ideologías políticas, cual era mis postura, y lo hice con un articulo que es el siguiente, se llamaba igual que la revista parroquial, decía lo siguiente:

 

SINARCAS CREYENTE

 

 (Las Provincias y Levante, junio de 2006)

 

El párroco de Sinarcas explica la polémica surgida en el municipio a partir de un artículo que publicó en LAS PROVINCIAS, en el que criticaba el fenómeno del botellón pero sin hacer referencia a ningún pueblo o ciudad en particular. Desde entonces, un grupo de vecinos le increpa cada vez que pone los pies en la localidad.

 

Con este nombre nacía, el verano pasado, la revista de la parroquia de Santiago Apóstol de Sinarcas, un título que se podía aplicar a todos los sinarqueños que se consideran creyentes en Cristo Jesús, un título que habla de un pueblo con fe, con fe que en ocasiones es tímida pero no por eso menos auténtica.

 

Cuando el domingo pasado, día del Corpus, me iba de Sinarcas me fui triste porque de nuevo se habían repetido los acontecimientos de hace un mes, los abucheos, los gritos, que pasados los primeros momentos, me hicieron orar más que nunca por el otro Sinarcas, el creyente, el de la gente buena y sencilla, que con gran tristeza y con lágrimas en los ojos hizo callar al pequeño grupo que no era capaz ni de respetar la procesión porque mi presencia les irritaba.

 

Bien sabe Dios que no quiero ser motivo de enfado y de discordia; los sacerdotes somos enviados a los pueblos y ciudades para la Evangelización, a insertar la Palabra de Dios en las diferentes culturas y tradiciones, nunca a imponer nada. Nunca fue mi intención molestar ni ofender a nadie, aunque algunos no lo comprendan o no lo crean, quiero a Sinarcas como algo mío, como padre que quiere lo mejor para sus hijos, por eso si es preciso pedir disculpas para que entiendan esto, las pido.

 

A pesar de la pena, de la tristeza por los acontecimientos, quiero dar las gracias a todos los sinarqueños que han estado y están conmigo, los fieles, que han sabido acercarse a mi a darme su apoyo, aunque hayan tenido que hacerlo a solas y con temor, gracias al Sinarcas Creyente, a la comunidad de la parroquia, en especial a las personas que han mantenido la armonía en estos momentos de crisis en la comunidad, en las primeras comuniones, a la que tan valientemente me recogió en su coche el día de la primera manifestación pública de algunos sinarqueños, gracias de todo corazón, por vuestra entereza, sois testimonio y bandera de un verdadero Sirnarcas creyente.

 

Mi intención con este escrito es romper una lanza en favor de este pueblo de buena gente trabajadora, que ha estado en boca de todos por unos pocos, que por las razones que ellos crean oportunas han actuado de una manera desmedida. Pienso que la mejor forma de entenderse es el diálogo y lo mejor es siempre solucionar las discrepancias en una mesa y no en la calle. Me siento párroco de Sinarcas, enviado por nuestro arzobispo a cumplir una misión pastoral y fraternal de corrección, cuando haya que hacerlo. Creo que mis palabras fueron mal interpretadas y sacadas fuera de contexto, nunca quise ofender y nunca puse en público el nombre del pueblo, hay que distinguir el acto del autor, yo hable de una situación que se quiera o no, es errónea, ocurra donde ocurra.

 

Desde estas líneas quiero manifestar mi predisposición y mi intención de concordia. Mi mano está extendida para el diálogo, para la reconciliación, para así sacar entre todos lo mejor de Sinarcas, una fe que pueda cambiar los corazones y así luchar entre todos por una convivencia pacífica y respetuosa, pongamos cada uno de nuestra parte por llegar a un equilibrio de paz de unos con otros. Que el Señor conceda esta gracia al pueblo de Sinarcas y todos los lugares de la tierra para caminar todos juntos por el camino del Evangelio que nos marca el Príncipe de la paz.

 

Los problemas continuaron, fueron seis meses de coacciones, de entrega de firmas, de insultos en la calle, de declaraciones en los medios diciendo lo malo que yo era. Uno de los argumentos que más defendían es que yo nunca pedía perdón, que era soberbio. Me consideraban descarado por corregir sus malas costumbres.

 

A pesar de todo lo ocurrido, que desde luego no puedo decir que fuera agradable, mi vocación salió muy robustecida, mi misión por llevar el Evangelio y la Buena Noticia, era evidente que no siempre cae bien el anuncio, pero no por ello hay que desmoralizarse, el Evangelio se anuncia a tiempo y a destiempo. De hecho llevaba otros dos pueblos al mismo tiempo y el apoyo de ellos fue incondicional, y yo había sido el mismo para todos

 

Ante esta dificultad afirmo que he aprendido a amar a la Iglesia, a sentirme comunidad, testigo de anuncio que se lleva a todos los pueblos, por pequeños que sean, y creo firmemente que no hay que tener miedo a la hora de manifestar nuestro amor y nuestra radicalidad por Jesucristo. Mostrar mi enorme gratitud al Cardenal de Toledo Monseñor Antonio Cañizares, que me ha apoyado con amor de Padre y de Pastor. Sus consejos y sobre todo su estar conmigo a mi lado en los momentos de dificultad me han hecho ver a la Iglesia que es Madre. El cardenal Cañizares había sido nombrado hijo adoptivo de Sinarcas, pues había pasado su infancia en el pueblo, aunque había nacido en Utiel. Tanto él como su familia me dieron un apoyo incondicional estando conmigo en todo momento. El Cardenal Cañizares demostró no importarle lo que piensan los demás es un claro defensor de la verdad cuando tiene seguridad en ello. No le importa la crítica porque sabe a quién sigue, y sabe muy lo que significa ser pastor, buscar lo mejor para sus ovejas.

 

Podía haberse librado de las críticas, de algún que otro abucheo, de críticas en los medios de comunicación por apoyarme, incluso de pintadas contra él y contra mi en la valla de su casa de Sinarcas. Y aún así decidió estar a mi lado, gracias de corazón, por ser un hombre tan íntegro y anunciador de la verdad, nunca me cansare de estar agradecido y siempre le tengo desde entonces presente en mis oraciones desde aquel momento.  

 

Este texto lo repaso y corrijo 5 años después, y lo hago después de haber estado en el pueblo para visitar a la familia Cañizares, de acompañar al Cardenal Antonio Cañizares a celebrar la Eucaristía en la parroquia de Santiago Apóstol de Sinarcas. He recordado todo, y lo hago ahora desde la parroquia san Juan de Ribera de Burjassot, pido la protección de san Juan en el ministerio del sacerdocio, que Él me ilumine para ser un buen sacerdote y anunciador de la verdad.

 

JAVIER ABAD CHISMOL

 

Agosto de 2010

 

     

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© Javier Abad Chismol